lunes, 22 de octubre de 2007

Halloween o Noche de Brujas

La celebración del 31 de octubre es una de las tantas influencias que los latinos recibimos de la cultura norteamericana. Su práctica es un fenómeno moderno que combina tradiciones celtas y cristianas, folklore y leyenda urbana.
La palabra Halloween tiene su origen en el culto católico y proviene de la contracción defectuosa de All Hallows Eve, víspera del Día de Todos los Santos, que se celebra el 1º de noviembre a partir del siglo VII d.C. La Iglesia Católica estableció esa fecha con el propósito de desalentar "prácticas paganas".
Desde el siglo V a.C., la comunidad celta de Irlanda celebraba oficialmente el fin del verano el 31 de octubre. La festividad se llamaba Sanhaim o Fiesta del Sol y marcaba el comienzo del nuevo año.
Una versión afirma que los espíritus incorpóreos de quienes habían muerto durante el año precedente regresaban en busca de cuerpos vivientes para encarnarse durante un año más, como única esperanza para lograr la vida eterna. Los celtas creían que las leyes de espacio y tiempo quedaban suspendidas durante la noche de Sanhaim porque el velo que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos se encontraba en su punto más delgado y los habitantes de ambos territorios tenían la posibilidad de interactuar
Los vivos, naturalmente, no estaban dispuestos a ser objeto de posesión. Por eso, la noche del 31 de octubre, los aldeanos apagaban el fuego en sus hogares para que quedasen fríos e inhóspitos. Luego se vestían con toda clase de trajes siniestros y recorrían los alrededores destruyendo lo que encontraban a su paso para espantar a los espíritus que buscaban cuerpos para poseer.
Es probable que el motivo por el que los celtas apagaran el fuego no tuviera por objeto desalentar la posesión de los espíritus sino reafirmar sus sentimientos de pertenencia a la comunidad. El fuego de los hogares volvía a encenderse con una antorcha que cada familia traía desde la hoguera sagrada que ardía en Usinach, en el centro de Irlanda. Volver a encender el fuego simbolizaba la esperanza de que la vida renacería al llegar la primavera.

Dulce Halloween

La costumbre de pedir dulces de puerta en puerta (trick-or-treating) se popularizó alrededor de 1930. Según se cree, no se remonta a la cultura celta sino que deriva de una práctica que surgió en Europa durante el siglo IX llamada souling, una especie de servicio para las almas. El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, los cristianos primitivos iban de pueblo en pueblo mendigando "pasteles de difuntos" (soul cakes), que eran trozos de pan con pasas de uva. Cuantos más pasteles recibieran los mendigos, mayor sería el número de oraciones que rezarían por el alma de los parientes muertos de sus benefactores. En esa época se creía que los muertos permanecían en el limbo durante un período posterior a su fallecimiento y que las oraciones, incluso rezadas por extraños, podían acelerar el ingreso del alma al cielo.
La práctica se difundió en Estados Unidos como un intento de las autoridades por controlar los desmanes que se producían durante la noche de Halloween. Hacia fines del siglo XIX, algunos sectores de la población consideraban la noche del 31 de octubre como un momento de diversión a costa de los demás, probablemente inspirado por la "noche traviesa" (Mischief Night) que formaba parte de la cultura irlandesa y escocesa. La diversión consistía en derribar cercos, enjabonar ventanas y taponar chimeneas, pero gradualmente dio lugar a actos de crueldad contra personas y animales, llegando a su punto máximo en la década de 1920 con las masacres perpetradas por los enmascarados del Ku Klux Klan.
Diversos grupos de la comunidad comenzaron a proponer alternativas de diversión familiar para contrarrestar el vandalismo: concursos de calabazas talladas y disfraces o fiestas para niños y adultos. De este modo, se proponían retomar el espíritu de los primitivos cristianos, que iban casa por casa disfrazados o con máscaras ofreciendo una sencilla representación o un número musical a cambio de alimento y bebida.

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